lunes, 3 de diciembre de 2007

LOS CENTROS ESPIRITUALES OCULTOS Y LA CIUDAD DE LOS CÉSARES



Toda Tradición conoce la existencia de ciudades o lugares que de una u otra forma permanecen perdidos u ocultos para los ojos de los profanos. Así es como en nuestro continente han tomado expresión a través de mitos como El Dorado, Cíbola, Trapalanda, y la Ciudad de los Césares, por sólo mencionar algunos ejemplos.

Esto que aparece como un hecho conocido por todo tipo de personas y que por tanto podemos presenciar como un hecho respecto del cual existe cierto consenso en cuanto a su existencia en forma paralela al mundo ordinario, sin embargo, parece no conocer de una interpretación respecto del porqué de aquéllo. Es decir, si bien el conocimiento profano admite las "leyendas" que hablan acerca de este tipo de lugares, no da en cambio respuesta que esclarezca su origen y finalidades.

El conocimiento tradicional puede ayudarnos a revelar algunos aspectos de este enigma.

En primer lugar, hemos de decir que la referencia a lugares como Agartha, El Dorado y otros que poseen las mismas características, se ha de entender como la referencia a puntos de la Tierra que poseen la virtud de ser sagrados. Y esto sea porque resguarden en su interior algo de caracteres divinos (por ejemplo, servir como protección de un símbolo o ser portadores de la Verdad), o porque son en sí mismos lugares fundamentales cósmicamente. De una u otra forma siempre implican un centro tradicional, lo que es lo mismo que decir sacro.

Otra característica que hemos de expresar respecto de estos sitios, es el hecho de estar ocultos o prohibidos al mundo exterior. Esto es tan importante como la primera indicación. Si son secretos es porque son receptores de una enseñanza y energía del todo límpida, que nada tiene que ver con las tinieblas del mundo foráneo. Esta peculiaridad está agravada en los tiempos modernos, pues nos hallamos en la Edad Oscura o Kali-Yuga, donde se provoca una inversión de los valores tradicionales, y la ignorancia y desviación son las leyes que rigen el planeta. Hechos significativos de esta temible edad lo han de constituir, por sólo mencionar algunos: la apertura del Japón tradicional al Occidente capitalista, la revolución bolchevique en Rusia, y la invasión china al Tibet, hecho último que significó la destrucción de templos y el ocultamiento de los documentos más relevantes del budismo tibetano y que ha significado la apertura de esa tradición al mundo moderno, el cual lo ha mezclado en forma vergonzosa a través de una publicidad y una moda sustentada por "importantes" actores del cine. Lo sagrado es manchado por la modernidad; sin embargo, la Verdad no sufrirá los embates del mal, pues justamente se refugia en centros que en la actualidad son subterráneos o submarinos.

La manifestación de lo sagrado en dichos sitios es señalada por las "leyendas", las cuales nos indican que allí habría construcciones gigantescas, elaboradas con el aureo mineral; que son habitadas por hombres que poseen conocimientos vedados para quienes moran en nuestras ciudades; y demás datos semejantes, todos los cuales hacen evidente que no se trata de lugares comunes, y por tanto ajenos a la oscuridad actual.

La Ciudad de los Césares es por antonomasia el lugar sagrado del Cono Sur. El mito lo podemos hallar tanto en Argentina como en Chile, siendo en cuanto a lo esencial el mismo, variando sólo los matices, como por ejemplo el de su ubicación.

Uno de los aspectos importantes de la Ciudad de los Césares es además de la obvia referencia imperial que hallamos en su nombre que viene a ser la contrapartida del Norte, o sea la Hyperbórea. Así, la Ciudad de los Césares ha de corresponder a la entrada al Sur del mundo. Es, por tanto, su corazón y centro. De aquí que no sólo sea un lugar sagrado, sino uno de los fundamentales, ya que por ella se entra al sexo del mundo, el primer chakra, punto necesario para ascender y lograr la unidad con el todo celestial. Quienes protegen la Ciudad, protegen la vida misma de este mundo.

En último término hemos de resaltar el elemento inmortalidad que caracterizaría a sus habitantes. Esto acentúa su carácter o conexión directa con lo que es divino; otorgándoles a aquellos seres, una condición propia de otra humanidado; o, mejor aún, no humana. La inmortalidad es, además, un rasgo de conocimiento tradicional; pues éste no muere, sino que es eterno. Lo que se guarda en la Ciudad es la Gnosis, la Tradición Primigenia y Unánime.

De estas consideraciones podemos concluir que si la Ciudad de los Césares existe -lo cual, por si un lector poco atento no ha captado todavía, afirmamos con plena seguridad- tal ubicación no ha de hallarse jamás en sitios que no sean subterráneos o submarinos (y esto, ya lo dijimos basándonos en René Guénon, porque dado que la presente época es el Kali-Yuga, el conocimiento para que realmente esté protegido ha de alejarse ya no únicamente de los grandes centros urbanos o "civilizados", sino que además ha de huir hacia abajo, lo cual representa además el movimiento de descenso espiritual que domina la hora actual). Lugares como el monte Melimoyu o la Antártica, serían aquellos que resguardan la Ciudad.

Los mitos referidos a estas ciudades también nos dicen lo que puede entenderse como una especie de conclusión profética: que ellas serán vistas el Día del Juicio Final (en el concepto cristiano) o lo que es su más cercano sinónimo cuando el Kali-Yuga termine.

Entonces se dará paso a una edad de verdadera Luz.


"Ya, ciertamente, el espíritu tradicional se repliega en alguna medida sobre sí mismo y los centros donde se conserva íntegramente se hacen cada vez más cerrados y difícilmente accesibles".

(René Guénon. "La crisis del mundo moderno")

sábado, 1 de diciembre de 2007

La muerte en la sociedad moderna


Un joven jardinero persa dice a su príncipe:
-¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispahan.

El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la Muerte y le pregunta:

-Esta mañana ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?

-No fue un gesto de amenaza -le responde- sino un gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahan esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahan.


El concepto de la muerte ha propiciado diversos sistemas de creencias y prácticas mágico-religiosas a lo largo del tiempo, en un intento de entender y manejar esta realidad inevitable de la naturaleza. En las sociedades modernas, desde hace cuatro o cinco décadas la forma de enfrentar la muerte ha cambiado, y hoy se rechaza la muerte, se esconde, se vive con angustia: la muerte ha dejado de ser aceptada como un fenómeno natural. Se ha perdido el derecho a ser protagonista de su propia muerte.


Hace años el individuo moría en su casa, rodeado de su familia, incluidos los niños, amigos y vecinos. Los niños tenían contacto con la muerte, conocían su existencia y, cuando ya adultos les llegaba su momento, no les cogía tan de sorpresa y desprovistos de recursos para afrontarla, como sucede hoy. Prepararse para morir constituía un acto fundamental en la vida de una persona de aquellos tiempos; su dignidad dependía de la grandeza con que llevara a cabo ese último acto de despedida. Actualmente hemos pasado de una muerte familiar a una muerte escondida, ocultada. Al enfermo casi siempre se le oculta la gravedad de su enfermedad, se le sobreprotege, "otros" toman las riendas de su destino y se deja al enfermo en la ignorancia de que va a morir, cerrando la puerta a una comunicación abierta y a la espontaneidad de la despedida en sus últimos momentos.

El hombre moderno desea que la muerte ocurra en plena inconsciencia (que sea fácil). Lo que en la actualidad se denomina buena muerte, corresponde a la muerte maldita de otros tiempos, la muerte inesperada. Pero cuando se pregunta a un enfermo al final de la vida cuál sería una buena muerte para él, la mayoría responde que una "buena muerte" es una muerte sin dolor, en su domicilio, acompañado de sus seres queridos. Debemos tener en cuenta que cada persona es única, con una historia y aprendizaje diferentes, cada persona tiene derecho a elegir "su muerte", y respetar esto es respetar la dignidad y libertad del ser humano. Aun así, en este ambiente de negación y rechazo, está surgiendo una creciente concienciación sobre el tema y cada vez es mayor el número de personas que advierte que tenemos un enfoque equivocado de la muerte, que no necesariamente tiene que estar ahogada por la angustia y que se puede morir en paz de acuerdo a las creencias de cada uno.

viernes, 30 de noviembre de 2007

La Peligrosa Idea de Darwin

Existe una idea científica que, en mi opinión, supera a las demás. Explica los orígenes de todas las formas de vida y de todo diseño biológico. Descarta la necesidad de Dios, o de un propósito en la vida. Es, por supuesto, la idea de Darwin de la evolución por selección natural.

Las implicaciones de la selección natural son tan profundas que la gente se ha visto asombrada o enfurecida, fascinada o ultrajada, desde que fue propuesta en 1859 en El origen de las especies. Esta es la razón por la que Dennet (1995) la llama “La peligrosa idea de Darwin”. Tristemente, mucha gente ha malinterpretado la idea y, lo que es peor, la ha usado para defender doctrinas políticas indefendibles que no tienen nada que ver con el darwinismo.

Todo lo que necesitas para que la selección natural comience es un replicador en un entorno apropiado. Un replicador es algo que se copia a sí mismo, aunque no siempre perfectamente. El entorno debe ser capaz de permitir al replicador crear numerosas copias de sí mismo, aunque no todas puedan sobrevivir.

¿Puede realmente ser tan simple? Sí. Todo lo que ocurre es ésto: en cualquier generación replicada, no todas las copias son idénticas y algunas son más capaces de sobrevivir en ese entorno que otras. Consiguientemente, hacen más copias de sí mismas y ese tipo de copia se convierte en el más numeroso. Entonces las cosas empiezan a complicarse, claro. La población de copias en rápida expansión comienza a alterar el entorno y eso cambia las presiones de selección. Variaciones locales en el entorno significan que diferentes tipos de copias se las arreglarán mejor en distintos lugares y así surge más complejidad. De este modo el proceso puede producir todos los tipos de complejidad organizada que observamos en el mundo vivo; y, sin embargo, todo lo que necesita es este proceso sencillo, elegante, bello y obvio: la selección natural.

Las propiedades hábiles podrían incluir la capacidad de moverse en el entorno para encontrar el cieno, atrapar un isocieno3-7 y fijarse a él, o construir una membrana alrededor de sí misma. Cuando aparecen las motas con membranas, empezarán a imponerse sobre las motas flotantes y se producen las super-motas.

Pasan otros millones de años y se descubren trucos tales como admitir a otras motas en el interior de la membrana, o la unión de varias super-motas. Aparecen super-mega-motas, como los animales pluricelulares, con suministros propios de energía y partes especializadas que les permiten moverse y protegerse. Sin embargo, estos resultan ser sólo comida para super-mega-motas todavía más grandes. Solo es cuestión de tiempo hasta que una variación aleatoria, junto con la selección natural, produzcan un vasto mundo vivo. En el proceso, se han creado y han muerto billones y billones de motas fracasadas, pero un proceso lento y ciego como este produce resultados. “Resultados” en nuestro planeta incluyen bacterias y plantas, peces y ranas, ornitorrincos, y nosotros mismos.

El diseño aparece de la nada. No se necesita un creador o un plan maestro, y ningún destino final hacia el cual la creación se esté encaminando. Richard Dawkins (1996) lo llama “Escalada al monte improbable”. No es más que un proceso sencillo pero inexorable, en el que se crean cosas increíblemente improbables.

Es importante recordar que la evolución no tiene previsión y por tanto no produce necesariamente la “mejor” solución. La evolución sólo puede proceder desde donde se encuentra ahora. Por esta razón, entre otras, tenemos un diseño de ojos tan raro, con todas las neuronas saliendo por la retina y tapando la luz. Una vez que la evolución se encaminó hacia este tipo de ojo, le tocó bregar con él. No había ningún creador para decir “Oir, empecemos de nuevo, pongamos los cables por detrás“. Ni había un creador que dijera “Venga, vamos a hacerlo divertido para los humanos”. A los genes simplemente no les importa.

Comprendiendo el proceso de la selección natural podemos ver cómo nuestros cuerpos llegaron a ser como son. Pero, ¿y nuestras mentes? , por ejemplo, ¿por qué pensamos sin parar? Desde un punto de vista genético esto parece extremadamente despilfarrador, y los animales que malgastan energía no sobreviven. El cerebro usa alrededor del 20% de la energía del cuerpo mientras que pesa sólo el 2%. Si pensáramos pensamientos útiles, o resolviéramos problemas relevantes, tendría algún sentido, pero en general no parece que lo hagamos. Entonces, ¿por qué no podemos simplemente sentarnos y no pensar?

¿Por qué creemos en un yo que no existe? Alguien quizás podrá explicarlo en términos evolutivos, pero al menos en la superficie parece inútil. ¿Por qué construir una idea falsa del yo, con todos sus mecanismos en defensa de la autoestima y el miedo a fracasar y perder, cuando desde un punto de vista biológico es el cuerpo el que necesita protección? Obsérvese que si pensáramos en nosotros mismos como un organismo único, no habría problema, pero no lo hacemos; antes bien parecemos creer en un yo separado; algo que domina al cuerpo; algo que debe ser protegido de por sí. Apuesto a que si te preguntara “¿Cual preferirías perder, tu cuerpo o tu mente?”, no te tomaría mucho tiempo decidir.

La mente colmena y la 'inteligencia'

Estoy leyendo "Out of Control" de Kevin Kelly. No es un libro fácil, los conceptos de acumulan y los ejemplos son muy plásticos. En fin, un gran libro que recomiendo leer con paciencia. No creo que sea bueno leerlo de una sentada. Su extensión y densidad no lo recomienda.

En su libro Kevin nos habla de la capacidad de los insectos –con un cerebro pequeño capaz de realizar solo unos cuantos actos más o menos reflejos- de combinarse en cantidades ingentes para convertirse en verdaderos entes superiores que "parecen" pensar. Tanto el hormiguero como el panal de abejas o su enjambre, son una muestra de ello. Se trata del poder "tonto" del individuo convertido en "listo" por la interacción de miles o cientos de miles de dichos individuos.

Es por eso que quiero aplicar alguno de los conceptos de Kevin Kelly a reflexiones sobre la nanotecnología. A medida que esta ciencia microscópica consiga sus primeros éxitos, millones de componentes podrán ser programados actuar en grupo dando paso a soluciones complejas. Igual que un hormiguero o un enjambre de abejas.

La nanotecnología es, sin duda, la ciencia que más "elementos" individuales va a generar en los próximos años. No hablaremos de tragarnos una píldora para el dolor de cabeza, nos tomaremos una cucharada de 100.000 millones de moléculas especializadas en buscar lugares con tensión en nuestro cerebro y relajarlos. Como en el caso de las abejas o de las hormigas, cada molécula no será capaz más que de una docena de acciones previamente programadas en su genética. Sin embargo, juntas por millones, serán capaces de realizar tareas comparables a las hoy realiza el mejor cirujano neurológico del mejor hospital del mundo.

Kelly nos cuenta como, ya en estos momentos, se está utilizando un algoritmo inventado por un científico informático, Pentti Kanerva, que ha denominado su técnica "memoria dispersa distribuida", para programar robots –todavía de cierto tamaño- para que sean capaces de autogestionarse, independientes de cualquier control central, a millones de kilómetros de cualquier humano. Este tipo de robots permitirán, por ejemplo, que, de forma relativamente barata, se envíen a la luna, con un cohete desechable, miles de estas unidades que –programadas con un sistema de memoria dispersa distribuida- serán capaces de tomar decisiones inteligentes en base a reflejos preprogramados en cada individuo. Son la avanzadilla de su utilización – a nivel molecular- en cualquier ser vivo.

A medida que la nanoproducción consiga sus primeros éxitos, millones de componentes individuales podrán ser programados genéticamente para responder a un número finito de impulsos que –cuando se gestionen en grupo- darán paso a soluciones complejas a problemas que antes no tenían solución.

El algoritmo de Kanerva permite programar equipos y a sus memorias para su comportamiento en grupos basándose en la interrelación de los individuos, sin embargo, con el crecimiento del número de unidades se pierde el control del enjambre que –sin embargo- como si se tratará de un rebaño de ovejas, pueden ser dirigidos con pequeñas presiones en los vértices externos del mismo.

Cada día, cuando dispongamos de millones de nanorobots o moléculas programables, este tipo de algoritmos será más importante para conseguir lo imposible, que millones de seres diminutos –bastante tontos individualmente- lleven a cabo funciones, extraordinariamente inteligentes, para nosotros. La posible lucha contra el envejecimiento y contra el cáncer pasará por estos diminutos guerreros a nuestro servicio.

La herejía de los cátaros


Pese a ser condenados por la Iglesia, los cátaros fueron, a su modo, auténticos cristianos. Frente a la corrupción que veían en la jerarquía católica, ellos trataron de vivir según las enseñanzas del Evangelio.

Según Pèire Autier, un prestigioso notario y jurista occitano que a principios del siglo XIV lo abandonó todo para entregarse al catarismo, cabía adoptar dos caminos en el mundo religioso medieval: el de una Iglesia que huye y perdona, que sigue el ejemplo de los apóstoles; u el de otra que posee y desolla, la Iglesia de Roma. Esta última, persigue y mata a todos aquellos que se oponen a sus pecados y a sus prevaricaciones; y no huye de ciudad en ciudad, sino que se asienta con toda grandeza y pomposidad. En la cristiandad medieval había, por tanto, una Iglesia oficial, poderosa y mundana, que se había alejado por completo del mensaje evangélico, y una Iglesia de Cristo auténtica, fiel seguidora de la vida apostólica, consecuente con los principios evangélicos y víctima de la persecución que Jesucristo había anunciado a sus seguidores más genuinos. Bajo esta premisa nació el catarismo, el más importante movimiento religioso disidente que se extendió de forma discontinua por Europa entre los siglos XI y XV. Los cátaros eran firmes seguidores de Jesús: consagraban su vida a las sagradas escrituras, con una predilección especial por el evangelio de Juan; reproducían los ritos, las prácticas y el modelo de organización del cristianismo primitivo, y, por último, creían en un modelo de salvación fundado en la recepción de un único sacramento, el bautismo del Santo Espíritu, llamado por ellos consolament. La mayoría de las Iglesias cátaras admitían un dualismo, es decir, la existencia de dos principios originarios, opuestos e irreconciliables: Dios, autor de los espíritus, del bien y del Nuevo Testamento, y creador de una obra incorruptible y eterna; y Satanás, autor de la materia, del mal y del Antiguo Testamento, y de todas las cosas vanas y corruptibles (incluyendo el universo, el mar, los animales, los seres humanos…). Precisamente, los ángeles caídos del paraíso estaban condenados a permanecer encerrados para siempre en esos cuerpos de carne. Para los cátaros, el único objeto de la historia de la humanidad consistía en lograr la salvación sucesiva de unos espíritus caídos que, en caso de no recibir el consolament —el único sacramento del catarismo— en el momento de su muerte, vagarían consumidos por el fuego de Satanás, al menos hasta que no lograsen encarnarse en otro cuerpo y emprender una nueva vida. La iglesia de los cátaros fue brutalmente reprimida por la iglesia de Roma, y puso fin a su existencia a finales del siglo XIV en las tierras occitanas, en el norte de Italia a principios del siglo XV y, como último reducto, en las tierras de Bosnia con la invasión de los turcos a mediados del siglo XV.

jueves, 29 de noviembre de 2007

Oopart

Oopart es el acrónimo en inglés de Out of Place Artifact (literalmente, Artefacto fuera de lugar). Es un término acuñado por el zoólogo americano Ivan T. Sanderson que hace referencia a objetos paleontológicos y arqueológicos encontrados en lugares y circunstancias muy extraños o incluso imposibles para la arqueología o paleontología tradicionales.

El término alude a una amplia gama de objetos, principalmente aquéllos que se han encontrado en lugares donde se creía imposible por sus características o porque no haya objetos similares de la misma procedencia. También pueden ser los que no pertenecen a su época, es decir, objetos demasiado modernos o complejos pero que están datados en épocas muy antiguas que no les corresponden.

Muchas veces, los creacionistas aluden a este tipo de objetos para refutar la Teoría de la Evolución. Los oopart también sirven como base para la teoría de que la civilización humana fue fundada por alienígenas, y que las civilizaciones antiguas poseían conocimientos científicos en determinadas áreas al menos tan avanzados como los actuales.

Los escépticos dicen que los oopart responden a una malinterpretación de estos objetos.

Lista de ooparts

viernes, 23 de noviembre de 2007

La Memetica y la Evolución Cultural

"Los hombres se equivocan, pues piensan que son libres; y esta opinión sólo consiste en que son conscientes de sus acciones e ignorantes de las causas que las provocan. Su idea de la libertad es, que no conocen causa de sus acciones."

Richard Dawkins
en su libro El Gen Egoísta (1976), “inventó” término meme para describir una unidad de evolución cultural humana análoga a los genes, argumentando que la replicación también ocurre en la cultura, aunque en un sentido diferente. En su libro, Dawkins afirma que un meme es un módulo de información contagioso que infecta y parasita la mente humana, donde se replica y altera su comportamiento, provocando la propagación de su patrón. El control del fuego en las sociedades prehistóricas, la práctica de las diferentes religiones, la animadversión contra el mundo musulmán, las revoluciones del proletariado, caeteris paribus, tiene su origen en la transmisión de memes. La memética, por tanto, sería la ciencia que estudia los memes y sus efectos sociales.

Desde la perspectiva de la teoría de los memes podemos decir que poseemos dos tipos distintos de procesadores de información: a) el genoma o sistema de genes situados en los cromosomas de las células de cada individuo, que determina el genotipo, y b) el cerebro y el sistema nervioso, que permite el procesamiento de la información cultural. La información genética de nuestro genoma se puede dividir en unidades mínimas de información que son los factores hereditarios o genes, que se transmiten sexualmente de una generación a otra mediante su replicación.

Susan Blackmore(2002) reelaboró la definición de meme como cualquier cosa que se copia de una persona a otra, ya sean hábitos, habilidades, canciones, historias o cualquier otro tipo de información. Además afirmó que los memes, como los genes, son replicadores. Es decir, son informaciones que son copiadas con variaciones y selecciones. Puesto que sólo algunas de la variaciones sobreviven, los memes (y por tanto las culturas humanas) evolucionan.

No obstante, la cuestión es, ¿cómo se desarrollan y transmiten estos flujos de ideas?, ¿por qué razón se adueñan rápidamente de amplias capas de la población, incluso a miles de kilómetros de distancia, de manera relativamente independiente de los medios de comunicación, como señala Eco? Según Dawkins para que se dé un proceso evolutivo se requiere:

  1. abundancia de elementos diferentes,
  2. herencia o replicación, y
  3. idoneidad diferencial o número de copias en función de su interacción con el medio.
Para una mejor explicación de lo que es la memética, debo hablar de los tres elementos claves que explican la propagación de los memes: longevidad, fecundidad y fidelidad.

La longevidad hace alusión al tiempo de permanencia de un “meme” en el cerebro de una persona. Esta permanencia puede ser efímera, media o existencial

En segundo lugar, está la fecundidad. Alude a las tasas con que un meme se transmite de un cerebro a otro; puede morir la persona, pero el meme que ya ha fecundado a otras sigue existiendo.


En tercer lugar, habría que tener en cuenta la fidelidad. Los memes a veces sufren pequeñas mutaciones cuando se transmiten, son poco fieles al meme original y por tanto se convierten en memes mutados, es decir, en nuevos memes.